Libertad comercial ante todo

Pese al avance del proteccionismo, las empresas españolas se resisten a dar marcha atrás en su expansión internacional.

América Latina fue una ventana al mundo. Al menos para las empresas españolas que, a principios de los años noventa del siglo pasado, encontraron tierra firme del otro lado del Atlántico. Aprovechando el auge de privatizaciones latinoamericanas, las compañías de sectores variopintos —energía, telecomunicaciones, construcción, textil y financiero— izaron las velas y se lanzaron al agua. Ganaron fuerza y experiencia, ensancharon sus billeteras y transformaron sus negocios en grandes multinacionales. Enarbolaron la bandera del libre comercio y se extendieron, primero a los países de la OCDE y luego en naciones de los cinco continentes. Nada fue baladí. El engranaje de pactos y alianzas del mundo multilateral permitió a las firmas surcar por distintos mares a una velocidad de crucero nunca antes vista.

“Nos hemos beneficiado de la apertura económica, del libre comercio, de un entorno con unas reglas claras respaldadas por instituciones fuertes”, argumenta Carlota García, investigadora principal de Estados Unidos y Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano. Hoy, sin embargo, el mar está más revuelto que nunca. La crisis sanitaria, provocada por la covid-19, ha avivado los proteccionismos (desatados ya desde hace algún tiempo), y que han cobrado forma en aranceles a las importaciones, barreras administrativas a los intercambios de mercancías, obstáculos a la inversión extranjera directa y subsidios a las empresas nacionales

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