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¿Qué es la inteligencia artificial?

La inteligencia artificial, que en años anteriores parecía ser terreno de la ciencia ficción, ya es una realidad que está entre nosotros. Cuando nuestro dispositivo movil reconoce nuestro rostro o nuestra voz para desbloquear el terminal y para saber lo que queremos, hay una inteligencia artificial detrás. Cuando el correo electrónico cada vez filtra mejor el correo no deseado, hay una inteligencia artificial detrás. Cuando la tienda online en la que compramos no solo es capaz de recordar lo que compramos anteriormente, sino que adivina de forma cada vez más eficaz lo que vamos a querer a continuación, hay una inteligencia artificial detrás.

Parece que, al menos hasta el momento, la inteligencia artificial es patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones, y su uso y explotación, como usuarios, está lejos de nuestro alcance. Nos beneficiamos de ella, pero no podemos controlarla: otros la controlan por nosotros.

¿Qué es exactamente la inteligencia artificial?

Los lenguajes de programación clásicos se dedican a realizar tareas plenamente previsibles desde el punto de vista de la mecánica: El programador le dice al programa lo que tiene que hacer, y cómo tiene que hacerlo, y el programa lo hace, sin más. Por otra parte, los lenguajes de programación clásicos se basan en el uso extensivo de la lógica booleana: algo es cierto, o es falso.

Este paradigma clásico de programación no está desfasado, es tremendamente útil y seguirá en vigor durante muchos años más para la realización de una gran cantidad de tareas informáticas.

Sin embargo, hay otros tipos de tarea, donde se requiere que las aplicaciones informáticas tengan un comportamiento mucho más adaptativo, que sean capaces de llegar a sus propias conclusiones, y que sean capaces de aprender y afinar su comportamiento, donde la logica tradicional de «verdadero-falso» no proporciona soluciones concretas y útil. La inteligencia artificial consiste en la aplicación de una serie de metodologías que, desde la base, cambian completamente el paradigma de cómo crear aplicaciones informáticas.

Las aplicaciones informáticas basadas en inteligencia artificial simulan, para su funcionamiento, los procesos naturales mediante los cuales los seres humanos pensamos y aprendemos. Un ejemplo de esto es el uso de redes neuronales para una gran cantidad de procesos de inteligencia artificial.

De esta forma, a la inteligencia artificial le pasa exactamente igual que a los seres humanos cuando nacen y cuando crecen: las aplicaciones de IA son bastante poco inteligentes al principio, pero mediante la iteración y el auto aprendizaje, son capaces de refinar su comportamiento, mediante poca o ninguna asistencia por parte del ser humano, hasta tener un rendimiento superior a cualquier otro tipo de aplicación informática

Inteligencia artificial amplia y estrecha

Uno de los clichés más románticos de la inteligencia artificial es que simula completamente cómo funciona la consciencia humana. Este tópico frecuentemente es alimentado por la ciencia ficción y la cinematografía. Sin negar que ese puede llegar a ser un objetivo y una realidad en un futuro, la realidad de la inteligencia artificial es mucho más práctica y terrenal a día de hoy.

La inteligencia artificial se usa para resolver problemas muy concretos del día a día de una empresa, de un negocio, o de cualquiera de nuestras vidas como usuarios de aplicaciones. Por esto, es por lo que muy frecuentemente a las aplicaciones de inteligencia artificial se les entrena para tareas muy concretas: por ejemplo, reconocer caras de personas a partir de fotografías. Que un programa de inteligencia artificial sepa diferenciar caras humanas, no quiere decir, ni de lejos, que tenga algo parecido a una consciencia humana o sea capaz de «pensar» por si misma. Esto es lo que se conoce como Inteligencia Artificial Estrecha.

Mediante la inteligencia artificial amplia o ancha, el sistema tiene una serie de habilidades en diferentes campos de conocimiento, teniendo un grado mayor de libertad para tomar decisiones en base a la adquisición de información desde varias fuentes. Pero, una vez más, todavía estamos hablando de un escenario donde las aplicaciones no son capaces de imitar a la mente humana al completo. No porque no sea posible, sino porque simplemente no es conveniente, o porque el sistema en concreto se ha diseñado para resolver un problema concreto, y por tanto tratar de emular una mente humana completo no sería ni siquiera útil.

La inteligencia artificial como herramienta

La inteligencia artificial, finalmente, es una herramienta más, dentro del catálogo de herramientas del que dispone el ser humano, para resolver problemas. Finalmente, la idea de la inteligencia artificial es complementar a la inteligencia humana, para ayudarle a tomar mejores decisiones.

La inteligencia humana es muy versatil, extremadamente maleable, pero ineficiente en ciertos tipos de circunstancias. Por ejemplo, la inteligencia humana es muy buena extrapolando o interpolando datos: lo hacemos todos, todos los días, sin darnos cuenta, ya que está en nuestra naturaleza. Pero, sin embargo, nos es realmente difícil trabajar con grandes cantidades de datos. A la inteligencia artificial le pasa lo contrario, generalmente es buena en aquello que nosotros no lo somos.

La idea, finalmente, de la inteligencia artificial es que, correctamente enfocada, puede ser un complemento, una ayuda a la inteligencia humana.

La inteligencia artificial en la empresa

La inteligencia artificial ayuda a tomar decisiones de una forma automatizada. Permite tomar decisiones en base a parámetros, de una forma más rápida de la que lo podría hacer el ser humano, aunque por supuesto, detrás cada inteligencia suele haber uno o más seres humanos, orientando y dirigiendo lo que la inteligencia artificial debe calcular.

Las empresas requieren de tomas de decisiones constantes, y es por esto que la inteligencia artificial tiene cabida en el sector empresarial, desde el punto de vista en el que permite ayudar a los equipos a tomar mejores decisiones, o permite a las empresas ofrecer servicios que antes no era posible ofrecer.

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