Hay una cosa que me resulta curiosa cuando doy clase, y es que muchas veces pedimos a los alumnos que hagan dos cosas bastante diferentes al mismo tiempo.
Por una parte, queremos que escuchen, que entiendan lo que estamos explicando, que sigan un razonamiento, que hagan preguntas y que relacionen lo que estamos viendo en ese momento con cosas que hemos visto anteriormente.
Y al mismo tiempo queremos que tomen apuntes.
Esto parece completamente normal porque lo hemos hecho toda la vida, pero si lo pensamos un poco tiene una cierta dificultad.
Mientras estoy escribiendo una frase que el profesor acaba de decir, el profesor ya está diciendo la siguiente.
Si intento escribir literalmente todo lo que escucho, dejo de prestar atención a una parte de la explicación. Si presto mucha atención a la explicación, probablemente mis apuntes sean bastante peores.
Y evidentemente hay personas que hacen esto mucho mejor que otras.
Pero incluso en el mejor de los casos tenemos que decidir constantemente qué merece la pena escribir, qué podemos omitir, qué era importante y qué simplemente era una explicación de apoyo.
En una clase de varias horas esto se va acumulando.
Además, hay otra cuestión que en mi caso veo bastante porque imparto materias técnicas.
Muchas veces una explicación no consiste simplemente en una serie de definiciones que podamos copiar.
Estamos desarrollando una idea.
Partimos de una cosa, hacemos un ejemplo, aparece un error, explicamos por qué ha ocurrido, cambiamos una parte del código, volvemos a ejecutar y finalmente llegamos a una conclusión.
Si alguien se limita a copiar el resultado final, se está perdiendo precisamente una parte bastante importante de la explicación.
Y si intenta copiar absolutamente todo, probablemente tampoco pueda seguirla correctamente.
Hace años esto tenía una solución bastante limitada. Podíamos grabar la clase y posteriormente volver a escucharla.
El problema es que una grabación de tres horas sigue durando tres horas.
Si quiero recuperar una explicación concreta que ocurrió aproximadamente a mitad de la sesión, tengo que encontrarla. Y si además quiero convertirla en material de estudio, tengo que volver a escucharla y escribir lo que me interesa.
Con las herramientas actuales podemos hacer algo bastante diferente.
Podemos convertir la voz en texto.
Y a partir de ese texto podemos empezar a organizar la información.
Esto me parece especialmente interesante porque el texto obtenido directamente de una transcripción tampoco es necesariamente un buen apunte.
Cuando hablamos no hablamos como escribimos.
Repetimos cosas. Empezamos frases y las cambiamos a mitad. Hacemos comentarios. Volvemos sobre algo que ya habíamos explicado. Utilizamos referencias como "esto", "aquello" o "lo de antes" que tenían muchísimo sentido mientras estábamos delante de una pantalla, pero que quizás dos semanas después ya no son tan evidentes.
Por lo tanto, después de transcribir todavía queda trabajo.
Hay que consolidar la información.
Hay que agrupar ideas relacionadas, eliminar parte del ruido propio del lenguaje hablado y conseguir un documento que posteriormente tenga sentido cuando lo utilicemos para estudiar o consultar.
Precisamente de ahí salió jocarsa | apuntes.
La aplicación permite ir dictando contenido mediante el micrófono y va trabajando con esos bloques para convertirlos en apuntes estructurados en Markdown.
Hay una parte de la aplicación que para mí era importante desde el principio: no volver a procesar continuamente todo lo que ya se ha generado.
Conforme el apunte crece, los bloques antiguos pueden quedar consolidados, mientras que el sistema continúa trabajando sobre la parte más reciente. De esta forma podemos mantener una sesión larga sin tener que reconstruir el documento completo cada vez que añadimos contenido.
El resultado se puede revisar posteriormente y también compartir mediante un enlace.
Esto tiene utilidad para un alumno, evidentemente, pero también para otras situaciones.
Por ejemplo, una reunión en la que queremos prestar atención a la conversación y al mismo tiempo conservar notas de lo que se está diciendo.
O una persona que está desarrollando una idea y prefiere explicarla hablando antes que sentarse a escribirla.
Yo mismo muchas veces pienso más rápido hablando que escribiendo.
Y hay determinadas ideas que, si tengo que detenerme a redactarlas correctamente en el momento en el que aparecen, termino desarrollando menos.
Poder hablar primero y organizar después cambia bastante ese proceso.
En educación, además, creo que hay una cuestión adicional.
Los apuntes deberían servir para estudiar después de la clase.
Si durante la clase estamos dedicando una parte importante de nuestra atención a producir esos apuntes, merece la pena preguntarse si podemos separar un poco mejor ambos momentos.
Durante la explicación, intentar entender.
Después, disponer de un material organizado que podamos revisar, corregir, ampliar y utilizar para estudiar.
No quiere decir que dejemos de escribir absolutamente nada durante una clase. Hay anotaciones personales, preguntas, pequeños esquemas y muchas otras cosas que siguen teniendo sentido.
Pero sí podemos evitar esa sensación de tener que transcribir manualmente todo lo que está ocurriendo por miedo a que, si no lo hacemos en ese momento, la información desaparezca.
Si dais clase, estudiáis, realizáis reuniones largas o simplemente sois de los que desarrolláis muchas ideas hablando, quizás os interese probar jocarsa | apuntes.
Porque muchas veces, mientras estamos ocupados escribiendo lo que alguien acaba de decir, ya nos estamos perdiendo lo que está diciendo ahora.