En prácticamente cualquier actividad llega un momento en el que necesitamos pedir información a otras personas.
Puede ser algo muy sencillo.
Nombre, correo electrónico y teléfono.
O puede ser una inscripción a un curso, una encuesta, una recogida de documentación, una solicitud interna de una empresa o cualquier otro proceso en el que necesitamos que varias personas nos proporcionen una serie de datos.
Y normalmente la primera vez lo resolvemos de la forma más rápida posible.
Mandamos un correo.
Preparamos una hoja de cálculo.
Creamos un documento.
O simplemente preguntamos los datos y los vamos copiando nosotros.
Si son cinco personas, tampoco hay demasiado problema.
La cosa empieza a ser diferente cuando son cincuenta.
Porque entonces alguien no ha contestado, otra persona ha enviado la información incompleta, alguien ha escrito los datos en un formato diferente y tenemos varias respuestas que han llegado por canales distintos.
En docencia esto ocurre continuamente.
Al principio de curso necesito recoger determinada información de los alumnos. En otro momento quiero hacer una pequeña encuesta. Más adelante necesito que indiquen una preferencia, que seleccionen una opción o que respondan a una serie de preguntas.
Y cada vez que aparece una necesidad de este tipo tengo dos posibilidades: buscar alguna herramienta que me permita crear el formulario que necesito o hacerla yo.
Como desarrollador, evidentemente, muchas veces termino haciendo la segunda.
Pero incluso aunque hacer un formulario HTML sea bastante sencillo, luego vienen todas las demás cosas.
Hay que guardar las respuestas.
Hay que poder consultarlas.
Quizás quiero exportarlas.
Quiero saber cuándo respondió cada persona.
Puede que algunas preguntas sean obligatorias y otras no.
Una pregunta puede ser un texto, otra una fecha, otra una lista de opciones y otra permitir seleccionar varias respuestas.
Y si mañana necesito otro formulario parecido, no quiero volver a programarlo desde cero.
Así que hace tiempo desarrollé jocarsa | formularios.
La idea es poder crear formularios desde una interfaz, añadir los campos que necesite y publicar el resultado para que otras personas puedan responder.
Luego las respuestas quedan centralizadas y puedo trabajar con ellas.
Esto último para mí es probablemente la parte más importante.
Porque recoger información sirve de poco si después tengo que dedicar otra hora a organizarla.
Si envío un correo a treinta personas y les digo que me indiquen tres datos, voy a recibir treinta correos redactados de treinta formas diferentes.
Una persona pondrá los tres datos en una línea.
Otra me contará antes una explicación.
Otra olvidará uno.
Otra responderá al correo equivocado.
Todo perfectamente normal.
Con un formulario, las treinta personas reciben las mismas preguntas y las respuestas ya llegan con una estructura conocida.
Y eso posteriormente facilita muchísimo cualquier tratamiento que quiera hacer.
Por ejemplo, si necesito llevar los resultados a una hoja de cálculo, ya tengo filas y columnas.
Si quiero contar cuántas personas han seleccionado una determinada opción, puedo hacerlo.
Si quiero localizar la respuesta de una persona concreta, también.
Además, hay formularios que utilizamos más de una vez.
Una inscripción puede abrirse durante un periodo y cerrarse después.
Una encuesta puede reutilizarse con otro grupo.
Un procedimiento interno puede mantenerse durante años.
En esos casos me interesa poder conservar el formulario, duplicarlo cuando haga falta y seguir teniendo separadas las respuestas de cada uso.
También hay una cuestión bastante práctica: muchas veces el formulario tiene que poder enviarse simplemente mediante un enlace.
Creo el formulario, copio la dirección y la envío.
La persona que responde no necesita saber nada acerca de cómo está montado por detrás. Abre la página, completa los datos y envía.
En mi caso este tipo de aplicaciones terminan apareciendo porque repito una tarea suficientes veces como para cansarme de resolverla cada vez de una forma distinta.
Y pedir datos a personas es una de esas tareas.
Hoy son alumnos.
Mañana puede ser un cliente.
Otro día puede ser información interna de una empresa.
Las preguntas cambian, pero el mecanismo se parece bastante.
Así que jocarsa | formularios me permite preparar ese mecanismo una vez y dedicarme a decidir qué información necesito en cada caso.
Si alguna vez habéis enviado un correo a veinte personas pidiendo que os respondan con una serie de datos y luego habéis pasado un rato copiando todas esas respuestas a una hoja de cálculo, probablemente ya sabéis para qué hice esta aplicación.
Yo también lo he hecho.
Unas cuantas veces, además.
Y precisamente por eso preferí que la siguiente vez las respuestas llegasen ya ordenadas.